Abro mi mano sólo para encontrar las lineas que la marcan. Me habían dicho que prosperaría en el amor, que tendría dinero y larga vida, tenía 10 años. Recuerdo que ese día observe mis marcas con gran aprecio y queriendo hacer una trampa al destino con la punta de un cuchillo alargue todas las lineas. Me tuvieron que llevar al hospital y ahora cada vez que abro la mano me recuerdo que el Doctor mientras me cedaba hablaba con su enfermera, le decía a manera de que yo no comprendiera, que esa noche habría acción. Una semana después fue mi cumpleaños, no hubo pastel ni regalos, mi Padre se enfadó conmigo tanto porque pensó que me quize matar "Llevaló con un psicologo!" gritó su mujer y mi Padre que nunca ha creído en esas malas artes descarto la idea sin considerarla opción.
Habemos 3 personas en el anden desde hace 30 minutos, hemos intercambiado miradas y sabemos que esperamos a alguién o algo. Llegó otro tren y una miró el reloj colgante, se abrieron las puertas y abordando puso una mueca de resignación. Volteé a mirar a la que quedaba y ella hizo lo mismo, fue cómo un pacto "Seamos pacientes, llegarán". El silencio era arruyado por el tren que se aproximaba, su luz se abrió paso a través de la oscuridad del túnel, muchas caras sucedieron cómo recuerdos borrosos de alguién que ha vivido mucho, tantas historias atrapadas en un vagón, tantos recuerdos contenidos. Se detuvo y volvió a marchar, me distraje viendo cómo cortaba la oscuridad con su luz hasta quedar envuelto en ella de nuevo. Di la vuelta porque me tocaron el hombro y la abrazé, se habia tardado porque tuvo un imprevisto, la tome de una mano y mientras me contaba las nuevas en su vida jugaba cómo niña con mi mano "Que te pasó?" no me creía que no lo hubiera visto antes, hasta aquel momento estaba seguro de que ella había aceptado aquella marca cómo un accidente en un punto de mi vida. Le conté lo anterior y se carcajeó "Que inocente!" seguido de un beso lleno de esa ternura que se siente hacia los ingenuos. Fuimos a comprar y luego a tomar un café. Sacó un librito y con gran emoción me preguntó si había leído a Sábato, asentí mientras bebía el café. Me parece un tipo con una gran creatividad, se metió al túnel cómo aquel tren sólo que él no ha salido. Sonrió para aprobar mi comentario. Caminamos otro rato más por las calles del centro hasta llegar a una pastelería, quizó entrar por una gelatina y yo cómo perdido miré alrededor: Un pastel atrajo mi atención, lo quería y me recordé después de ese día de cumpleaños. Me lo fui comiendo en el camino y le dije que creía que esa cortada en mi mano sólo demostraba que las gitanas siempre mienten, no era rico y en el amor no me había ido tan bien y no sabía exactamente si viviré mucho tiempo, le conté que a veces pasaba por mi cabeza una teoría de Russell la cual dice que el mundo se ha creado hace un momento y sólo recordamos que hemos tenido una vida. Aun más egoista: Que sólo existo yo y que todo es una fuerte alusinación de mi cabeza. Aun más angustiante: Que sólo existo yo y que creo vivir de tal forma porque el sedante que me mantiene quieto a mi cama me hace alucinar. Eso pasa por digerir a Descartes y recordar a Russell. Le dije que tal vez en esa vida de cama o de pared acolchonada, de letargica muerte, yo tengo dinero, soy amado y gozo de salud salvo por lo anterior y que la unica prueba de esa vida era mi mano, Russell y el cogito. Me miró extrañada y me dijo lo mal que estaba. Me volvió a besar y eso me hizo sentir tonto. Tras ver una pequeña exposición en un parquesito retomé el tema "De ser cierto lo que te digo, moriré en el 2012 porque así he querido que termine esta historia" Me contestó que no podía creer en esas profecias y sobre todo en quienes las manipulan, me encojí de hombros, desde luego que no creía en eso, yo le sostuve que el fin del mundo llega cuando muere quién lo percibe y lo otro, quizá era una metafora esas profecias, no lo sabía y tampoco me interesa.
Ella quizó pasar a ver los libros, había uno de Benedetti que no ha leido y quiere comprarlo, buscandolo me preguntó si me suicidaría sí la vida fuese realmente horrible. Le sonreí y le dije que la vida no podía ser horrible, ni siquiera podía ser bella, más bien era una experiencia que la conciencia nos concedía experimentar. Recordé esa frase "Vivir es Increíble". Le di un beso. Le canté cerquita "Y entre el dolor y la nada elegí el dolor...".
Regresamos a la estación del metro, una mujer pasó llorando con las manos en su cara y entre sus sollozos alcanze a escuchar "No puede ser"... Una persona a su lado intentó sujetarla y yo sólo vi cómo desapareció deborarla el metro. Me abrazó fuerte y yo me quede en una mano que se quizo salvar atorada entre el andén y el metro. Un policía nos llegó a mover, salimos y caminamos hasta otra estación, ella se impacto mucho y volvió a llorar tras un rato, yo también me impacté pero no por la imagen, sino por su escape, porque quería encontrarle una explicación a lo absurdo, mi megalomania lo exige. Era de noche, anunciaban un frente frío en las noticias y previenen a la población de ese raro mal que ha surgido y que se acentuará, quizá manaña alcanzaría a ver otro bloque del cuento. Pasado mañana es Navidad y todos recordarán por una extraña afición a la melancolia a los ausentes en el brindis, se desearan lo mismo que lo mio y mi mano, luego tomarán por ellos y la ausencia desaparecera. Todo parece un cuento, el invento de una mente simulando vivir.